Muchos de los jóvenes y niños se sienten orgullosos de sus llamas y cuentan a los pobladores vecinos que sus llamas son el resultado de mucho trabajo y sacrificio. La experiencia ha sido muy positiva.

Abrazos necesarios

Bolivia

Dec 16, 2020

La historia de la familia Lagos nos recuerda lo importante que son las muestras de afecto. Una familia superada por trágicas circunstancias que está construyendo el camino de su reencuentro.


El equipo de Casa San José, en Bolivia, ha compartido esta historia para que podamos entender un poco más la complejidad del trabajo que desde allí se realiza. Los nombres de esta historia real son ficticios para proteger la intimidad de los protagonistas.


Qué difícil resistirse a esos CD nuevos y brillantes. En casa no hay nada tan bonito y a Jonathán se le antoja fácil coger unos cuantos y salir de la tienda. El dueño del establecimiento, que lleva rato observando a ese pequeño desaliñado y con ropa sucia, sale tras él y atrapa al aprendiz de ladronzuelo. La policía municipal, que presenció la escena por casualidad, se acerca a los dos y empieza a preguntarle al niño por lo sucedido. Jonathán se ve de repente envuelto en un lío considerable que no sabe cómo gestionar.


El dueño de la tienda no para de gritar, está harto de esos pequeños hurtos que le dificultan su día a día como pequeño comerciante, la policía pregunta insistentemente por sus padres, su domicilio y muchas más cuestiones que salen de su boca al ritmo de una metralleta. El niño se bloquea y estalla en llantos sin poder hablar.

A partir de ahí todo sucede muy deprisa. Recuerda que le metieron en el coche patrulla, pasó por SEDEGES (Servicios Departamentales de Gestión Social) y un par de lugares más que no identifica, hasta que traspasó las puertas de Casa San José. No recuerda quien le abrió la verja o qué educadora se encargó de su ingreso. Tan solo recuerda a Molino, uno de los perros que hay en la casa, que le recibió moviendo su peluda cola a un ritmo alegre y acogedor y empezó a sentir que podía relajarse un poco. Habían sido horas muy complicadas, todo por unos CD…


Su estancia en la casa empezó como la de todos los niños y adolescentes que ingresan en el centro de acogida. Lo primero una evaluación de salud, para saber en qué estado ingresan los menores, una buena ducha y ropa limpia. Se le asigna una cama y una taquilla y se le integra en las actividades que ese día se desarrollen en el centro. Aquel día tocaba el taller de horticultura, así que tímidamente se acercó a un compañero más pequeño que él y le ayudó a cargar el agua para regar los árboles del patio.



La psicóloga y las educadoras trabajaban con él para entablar lazos de confianza


Su integración en Casa San José se había producido de una forma bastante natural, participaba de las tareas y talleres de la casa con facilidad y se mostraba colaborador con sus compañeros, aunque transmitía mucha inquietud y no acababa de manifestar el porqué. La psicóloga y las educadoras trabajaban con él para entablar lazos de confianza y que por fin contara los detalles que ayudarían a entender su contexto, sin esa información no podían iniciar la búsqueda de su familia para empezar el largo trabajo de la reintegración familiar.


Finalmente, un día no pudo más, y al ver como el niño más pequeño de la casa empezó a llorar tras una caída en la cancha de baloncesto corrió hacia la educadora y le contó que llevaba días muy preocupado por sus hermanos pequeños. – “Normalmente soy yo el que consigue algo para comer, y llevo días sin aparecer por casa así que no sé cómo estarán”. Y así fue como Nohora consiguió saber dónde vivía la familia y cómo acabamos conociendo al resto de la familia.


En la casa se encontraron a tres pequeños más de 11, 10 y seis años, en el centro de una habitación descuidada y sucia donde pasaban solos todo el día, sin ningún tipo de cuidado ni atención. Tenían hambre, llevaban días sin ir a la escuela y parecían desorientados. A partir de ahí empezamos a reconstruir la historia de la familia Lagos.


Don Pablo, el papá, es una figura ausente del núcleo familiar. Un hombre roto desde el fallecimiento de María, su esposa. De repente se encontró solo con cuatro niños, un hombre huraño que no había cultivado la relación con su familia, y que no tuvo a quien recurrir cuando la desgraciada muerte de María les alcanzó. Trabaja todo el día fuera de casa y sus prolongadas ausencias han ido creando un vacío en el cuidado de los menores. En esa casa nadie atendía a los pequeños y Jonathán salía a conseguir algo de comida pidiendo en los puestos de comida de la calle, en los semáforos del centro y robando algo para llevar a casa.


Así fue como los cuatro hermanos Lagos acabaron juntos en Casa San José


Las autoridades decidieron quitarle a Don Pablo, de forma preventiva, la tutela de los pequeños al evidenciar la situación de abandono en la que se encontraban. En cuanto los hermanos llegaron a la casa pudimos ver como Jonathán ejercía un claro rol de cuidador, lo primero que hizo al ver a sus hermanos fue presentarles a Molino, que había sido su anfitrión y del cual no se había separado en esas semanas. Al principio, los dos más pequeños tenían muchos problemas de convivencia, no acataban las órdenes, no comían bien, no querían participar de las actividades del grupo y se mostraban muy huraños y desconfiados.


No estaban acostumbrados a convivir con otros niños y les costaba mucho integrarse. Las educadoras trazaron un plan para mejorar sus problemas de conducta y ayudarles a interiorizar las normas de la convivencia en la casa. Kevin, con 11 años apenas sabía leer y escribir, así que hubo de trabajar mucho con él para reforzar su nivel educativo. Además, mostraba una falta de interés por aprender cosas nuevas debido a la frustración que le generaba el no saber lo que los demás sabían.


Paralelamente al trabajo con los niños la trabajadora social empezó a comunicarse con el padre para tratar de averiguar cómo habían llegado a esta situación. Don Pablo no era un mal hombre, acabó confesando que no sabía cómo ocuparse de sus hijos. Cuando su mujer falleció le tocó asumir una responsabilidad para que la no estaba preparado. No pudo gestionar el duelo de la pérdida y la nueva responsabilidad y así fue como la bola de nieve se fue haciendo cada vez más grande. Los problemas en casa eran cada vez más, bloqueado e incapaz de pedir ayuda el hombre se refugió en el trabajo dando la espalda al reto familiar.


Don Pablo tenía sentimientos encontrados después de haber perdido la tutela de sus cuatro hijos. Primero manifestó un gran alivio, para él era una tranquilidad saber que sus hijos estaban cuidados, bien alimentados y que alguien más se ocupaba de “ponerles en vereda”. Le parecía que era la mejor solución para ellos. Nos costó trabajo, pero conseguimos que asistiera a la escuela de familias[i], a pesar de haber recibido una orden del juzgado para hacerlo. Aunque al principio no mostró mucha colaboración, poco a poco, y con la ayuda de la psicóloga fue abriéndose y pudiendo verbalizar el grave conflicto que llevaba meses evadiendo.


“Muchas familias ven todavía las instituciones como una salida o respuesta a las dificultades de cuidado y crianza de sus hijos, que se ven desprotegidos por situaciones de pobreza y violencia.” (Mesa interinstitucional por el derecho a vivir en familia / resultados 2017 -2019. Gobierno autónomo departamental de La Paz, Secretaría Departamental de Desarrollo Social y Comunitario)

Gracias a estas sesiones, Don Pablo empezó a ser capaz de mostrar su afecto por los pequeños


Las visitas semanales con los niños se hicieron cada vez más esperadas y aunque se vieron interrumpidas por el confinamiento, derivado de la pandemia, fuimos capaces de mantener el proceso a través de videollamadas.

Casa San José estuvo aislada durante tres meses, sin recibir ninguna visita del exterior.

Los hermanos Lagos estaban inquietos y por primera vez desde su ingreso en la casa manifestaron ganas y necesidad de ver a su padre. Las educadoras hicieron un gran trabajo ayudando a los niños a canalizar sus inquietudes y miedos. Y consiguieron lograr un ambiente de seguridad, tan necesario para que los pequeños se sintieran a salvo del desolador panorama que se vivía en la ciudad.

Cinco meses después de haber llegado a Casa San José, y cuando pudimos retomar las visitas del padre, pudimos ver una de aquellas escenas que enternecen a quien la presencia y que recompensan los meses de trabajo con los niños y el padre. Las dinámicas de la casa, como en todo el mundo, habían cambiado y a pesar de que los niños volvían a recibir visitas había que respetar las medidas de bioseguridad para evitar los contagios de coronavirus, mascarilla y distancia social eran las más evidentes.

Los hermanos Lagos sabían que su padre los volvía a visitar, después de 3 meses tenían ganas de verle.

Axel y Joshua, los más pequeños estaban muy bien peinados y esperando inquietos en la puerta la llegada de su padre. Cada vez que sonaba el timbre se asomaban a la cristalera de la puerta para ver quién atravesaba la verja del patio de entrada. En cuanto vieron entrar a Don Pablo, Joshua salió corriendo a abrazarle. Don Pablo empezó a llorar, nunca le habíamos visto mostrar tanto afecto y evidenciar sus sentimientos delante sus hijos. La educadora se hizo la despistada durante unos segundos para que padre e hijo pudieran disfrutar de ese momento de afecto que tanto necesitaban, pero enseguida tuvo que recordarles que no se podían abrazar para evitar contagios.

Ese abrazo tan cargado de emoción, que tan solo duró un instante, nos hizo ver que el proceso de reintegración empezaba a ir por buen camino y a dar sus resultados.

Aún quedan semanas de trabajo por delante, la pandemia nos ha robado meses y oportunidades de avanzar en este trabajo tan artesanal y delicado de reconstruir los vínculos familiares, pero por fin Don Pablo se ha permitido mostrar afecto hacia sus hijos y ellos han respondido muy bien.

Durante algunas semanas más, Molino seguirá siendo compañero de los cuatro hermanos. Cuando el padre acabe su itinerario en la Escuela de Familias, muestre que sus actitudes han mejorado y que es capaz de cuidar y proteger a sus pequeños, se emitirá el informe de idoneidad para que los juzgados autoricen el regreso a casa de los pequeños.

Esperamos ese día, sabemos que aún queda mucho camino por recorrer, pero nos seguiremos acordando de ese abrazo, un punto de inflexión en la historia de esta familia.

Tu también puedes formar parte de este proyecto, visitando la web de nuestra campaña de Navidad. Contamos con tu colaboración para que estos niños y otros más puedan disfrutar del derecho de vivir en familia.

escuela de las familias es un modelo puesto en marcha por los gobiernos municipales de Bolivia y las Organizaciones de la Sociedad Civil para dar respuesta a los casos de violencia y abandono intrafamiliar.

El objetivo de la escuela de las familias es el desarrollo y fortalecimiento de habilidades parentales para prevenir o resolver los conflictos y situaciones que han derivado en la perdida de la tutela de sus hijos e hijas. Asisten a un mínimo de 16 sesiones individuales en las que se hace una evaluación individualizada y se programa el plan de acción y 8 sesiones grupales. Al concluir el programa reciben un diploma de asistencia que acredita su participación. En el caso de las personas derivadas desde los juzgados, se emite un certificado de idoneidad (cuando se cumplen ciertos criterios) para iniciar el proceso de reintegración familiar con los y las menores de los cuales han perdido la tutela. Los padres y madres acuden a las escuelas por orden del juzgado o de forma voluntaria.

En Casa San José se ofrece el espacio de la Escuela de Familias para los familiares de los niños internos en la casa.