Muchos de los jóvenes y niños se sienten orgullosos de sus llamas y cuentan a los pobladores vecinos que sus llamas son el resultado de mucho trabajo y sacrificio. La experiencia ha sido muy positiva.

El abrazo de Nancy en tiempo de COVID-19

República Dominicana

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Apr 30, 2020

El abrazo de Nancy en tiempos de Covid-19

Aquí, en República Dominicana, somos mucho de abrazar, pero desde que se impuso el estado de emergencia hace un mes y medio por el Covid-19, con las medidas de distanciamiento e higiene, el cierre de los negocios y el toque de queda, ha habido pocos abrazos.

Tras la declaración del estado de emergencia, con 5.749 casos confirmados y 267 fallecidos por coronavirus a 24 de abril, vimos avecinarse la crisis. Una crisis sanitaria por el coronavirus a la que el país se enfrenta con un sistema de salud muy débil, pero también una crisis económica y alimentaria. El gobierno puso en marcha un paquete de medidas, entre ellas: el aumento de los fondos en las tarjetas de solidaridad de los más vulnerables (tarjetas con las que pueden comprar productos básicos), así como el reparto de bolsas de comida.

Curiosamente en nuestra provincia, Azua, propusieron que la comida fuera repartida por las iglesias. Esta es una idea controvertida porque, por una parte, si la comida viene del gobierno, lo normal es que éste lo reparta como considere más adecuado. Utilizando para ello a la policía y el ejército, y con el equipamiento adecuado, en especial en esta pandemia en la que tanto el que reparte como el que recibe se ponen en riesgo. Por otro lado, habla bien de las iglesias como entidades que gozan de la confianza de la gente, y que saben quiénes son los que más necesitan la comida; y habla mal del gobierno, con una pésima tradición de clientelismo en todas las ayudas sociales desde hace décadas.

Sea como sea, tras repartir nosotros bolsas de comida del gobierno a un listado de los más vulnerables que conocemos, de casa en casa, con guantes, mascarilla y contacto mínimo, finalmente el gobierno utilizó sus efectivos para algún reparto más. Parece que, en nuestra zona, ahí se quedó la cosa.

Por nuestra parte, hemos avanzado con algunas otras iniciativas para paliar las consecuencias del Covid-19:

En primer lugar, decidimos colaborar de manera más asidua con los 100 ancianos que ya atendemos a lo largo del año. Gracias a distintas colaboraciones locales les repartimos una bolsa de comida al mes, pero en esta crisis hemos optado por repartir estos mismos lotes de comida, con doble ración, cada quince días. También hemos iniciado el reparto quincenal de comida a los 180 niños de nuestros tres centros infantiles, que estos días permanecen cerrados.

Preparación de despensas de alimentos

Hemos promovido la confección de mascarillas entre las costureras de nuestros cursos y nuestra cooperativa. Desde sus casas cada una va cosiendo. Algunas regalan mascarillas y otras las venden, según si están desahogadas económicamente o con el cinturón apretado, y la venta se convierte en un ingreso necesario.

Mascarillas para prevenir coronavirus

La cárcel del Km.15, dentro de nuestra demarcación, sufre también los estragos de esta crisis. Dentro de ella, todavía no hay ningún caso declarado, pero los reclusos sufren ansiedad y tristeza por no poder recibir visitas y echan de menos los productos de primera necesidad que sus familias les traían antes de la pandemia. En vistas de esto, reconvertimos una actividad programada de higiene bucal, para la que contábamos con unos cepillos y dentífricos donados, que hemos convertido en kits completos de higiene para los presos, añadiendo el imprescindible jabón para el lavado de manos.

Nuestro centro de salud ha tenido que encarar también la problemática de servir y protegerse a la vez. Actualmente, la farmacia sigue abierta todos los días, con medidas de distancia, y el médico y el laboratorio atienden dos días a la semana, en un momento en que se han reducido notablemente las visitas a centros de salud, incluso al hospital público, por miedo al contagio.

Volviendo al reparto de comida…

Esta actividad tan necesaria no nos da mucho margen para interactuar, para saludar con calma a uno y a otro, para preguntar cómo están. Con distancia, deprisa para poder abarcar más, con calor, chorreando tras la mascarilla y con los guantes empapados de sudor ejecutamos esta actividad “aséptica” y quizás algo fría en la que máximo se cruzan dos o tres frases típicas en República Dominicana: ¡Agarrados de Dios! ¡Trancados! ¡Se le agradece! Lo dicen con una gran sonrisa, cuando no la tapa la mascarilla.

Pero estos días, ¡el premio se lo ha llevado Nancy!

El abrazo de Nancy en tiempos de Covid-19

Es la pequeña de una familia haitiana que llevo en mi corazón. Una familia que sufre y lucha. Son 10 y hace un par de años tuvieron la inmensa suerte de que con una donación se les construyera una casa nueva en un barrio apartado, gracias a la cual pudieron dejar la choza en la que vivían antes. La casa no les sacó de la pobreza, pero viven con mayor dignidad. ¡Y avanzan! El hijo mayor ya estudia bachiller, ha terminado la secundaria. Y avanzan también porque, a pesar de ser haitianos, son bien aceptados por la población dominicana, algo que no suele ser fácil. A pesar de esto, para ellos es difícil liberarse de la pobreza.

Y precisamente porque lo sé, llego hasta allí con la donación de comida. Rápidamente, sin aviso, Nancy, la pequeña de la familia, de tres años, esa niña que prácticamente he visto nacer, a quien he guardado algún vestidito de recién nacida de aquellos que me regalan, rápidamente se abalanza para darme un gran abrazo. Yo tan alta y Nancy tan chiquita, se abraza a mis piernas, ¡qué hermoso! Su madre, Mileidi, se apresura a disculparse: ¡Ella no sabe! Y separándome triste por no poder gozar más del momento, me despido diciéndole: ¡Nancy, cuando pase todo esto nos daremos muchos abrazos!

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