Muchos de los jóvenes y niños se sienten orgullosos de sus llamas y cuentan a los pobladores vecinos que sus llamas son el resultado de mucho trabajo y sacrificio. La experiencia ha sido muy positiva.

Un grifo, un huerto y cuatro nietos

Bolivia

Dec 12, 2022

Todos nuestros proyectos están llenos de historias de vida, que nos ayudan a ponerle cara a las personas con las que trabajamos, a sus preocupaciones, sus alegrías, sus necesidades y su día a día.

Esta Navidad, nuestra campaña “Agua por un tubo” está inspirada en historias como la de la abuela Isabel.

La señora Isabel tiene 56 años. El esfuerzo del trabajo en el campo ha mellado su salud en los últimos años, pero nunca su admiración por todo lo que es capaz de producirla madre tierra, si se la trata con mimo y respeto.

Quedó viuda hace unos años y su único hijo, Andrés, tuvo que migrar a la ciudad de Cochabamba para trabajar tras el volante de un autobús. No se quedó sola porque Andrés dejó junto a ella a sus cuatro hijos, todos niños, de 3, 4, 5 y 7 años. Ahora el más mayor ha empezado a ir a la escuela, pero el resto pasan el día con ella, jugando entre sus faldas y el campo.

Isabel es una mujer seria, con la determinación que tienen las abuelas de cuidar a los suyos, sea como sea. En la zona en la que vive, en el municipio de Independencia (Bolivia), hay aguas subterráneas, pero la falta de canalización y de protección de los manantiales hace que el agua llegue de forma irregular y en ocasiones contaminada.

En la época seca, la señora Isabel tenía que recorrer kilómetros para recoger agua en la montaña; y, cuando la recibía en una fuente cerca de casa, durante la época de lluvias, llegaba tan solo uno o dos días a la semana.

Desde hace un año, sin embargo, el agua llega limpia y fresca, todos los días, al grifo que tienen en el patio de su casa.

En Sendera escuchamos las necesidades de las comunidades rurales y trabajamos mano a mano con ellas para garantizar sus Derechos Humanos, como el acceso a agua. Por eso nos propusimos construir un sistema para que los hogares de Rodeo, entre otros el de la abuela Isabel, dispusiesen de agua potable, ¡y lo conseguimos!

La familia vive de lo que producen unos pequeños terrenos de papas, habas y maíz, que cultivan con ayuda de sus vecinos. Cuando las lluvias son generosas, dan algunos excedentes para vender en la ciudad, donde compran aceite, fideos y algún que otro producto. La abuela Isabel tiene una vaca, varias ovejas y seis gallinitas, pero lo que más le gusta es el huerto que ha conseguido poner justo enfrente de su casa.

Con el agua que reciben, mucho tiempo y esfuerzo, preparó la tierra y ha podido plantar algunas cebollas, acelgas y otras verduras, con las que alimenta a sus nietos y que comparte también con sus vecinos.

Ahora la familia de la abuela Isabel tiene un grifo, un huerto y, sobre todo, nuevas oportunidades de desarrollo y mejora de sus condiciones de vida.

Tener acceso a agua potable contribuye a una mejora del estado de salud y a prevenir enfermedades; pero también favorece el desarrollo económico y la calidad de vida porque las familias no tienen que ir a buscar el agua a la montaña y pueden emplear este tiempo en actividades productivas. Además, en la puesta en marcha de este tipo de proyectos se fomenta la organización comunitaria con la formación de Comités de Agua, destinados a la gestión y el mantenimiento de los sistemas instalados.  

Agua por un tubo

Este año, queremos hacer todo esto posible en otra comunidad cercana a Rodeo, la de Tiquirpaya, donde 54 familias aguardan para poder disponer de agua limpia y potable. Además, en esta zona hay una escuela en la que estudian 188 alumnos y alumnas, pero que no cuenta con agua y baños dignos.

Como ahora hace la abuela Isabel, queremos que todas estas personas, unas 474 en total, puedan pronto abrir el grifo y ver en él mucho más que agua. Ver higiene, nutrición, salud y un futuro próspero para sus familias.

Ayúdanos a hacerlo realidad participando en “Agua por un tubo”. ¡Gracias!