Muchos de los jóvenes, niñas y niños se sienten orgullosos de sus animales y cuentan a los pobladores vecinos que sus rebaños son el resultado de mucho trabajo y sacrificio. La experiencia ha sido muy positiva.

Una llama de esperanza se enciende en el corazón de los Andes

Bolivia

Jan 9, 2026

En los paisajes escarpados y hermosos de Vacas y Pocona, donde el cielo andino se encuentra con la tierra, vive Francisca junto a su esposo, Carlos, y sus tres hijos/as pequeños: Aidé, de 8 años, Mateo, de 6, y la pequeña María, de solo 3. Como muchas familias en estas comunidades rurales de Bolivia, Francisca y los suyos están viviendo tiempos difíciles. La crisis económica del país golpea fuerte, y asegurar cada día alimentos nutritivos en la mesa se ha convertido en una lucha constante.

Hace poco más de un año, Francisca y Carlos tomaron una decisión vital. Habían probado suerte en la ciudad, trabajando en lo que podían encontrar, pero la promesa de una vida mejor se desvaneció entre la incertidumbre y la distancia de su tierra. Con los bolsillos casi vacíos, pero el corazón lleno de esperanza, regresaron a su comunidad. Fue un viaje largo y agotador, cargados con las pocas pertenencias que les quedaban y la ilusión de empezar de nuevo.

Una vez de vuelta, observaron a sus vecinos. A pesar de los desafíos del campo, había algo diferente en las familias que poseían rebaños de llamas. "Mira a Doña Serafina," le decía Francisca a Carlos una tarde, señalando a una mujer de su edad, que pastoreaba tranquilamente. Francisca nos contaba que los hijos de Serafina se veían fuertes, bien abrigados: “Sus llamas les dan comida y lana. Tienen una tranquilidad que nosotros no conocemos".

La llama no es solo un animal, es un símbolo de resiliencia y autosuficiencia en el corazón de los Andes.

Hablando con Francisca, entendimos que la idea de tener su propio rebaño se había encendido como una chispa en su mente. Podía imaginarse a Aidé aprendiendo a pastorear, a Mateo riendo mientras ayudaba a recoger la lana, y a la pequeña María calentita con un poncho tejido con el vellón de sus propias llamas. Empezaba a soñar con la tranquilidad de saber que no faltaría un plato de comida nutritiva en su mesa.

Desde Sendera queremos que muy pronto, en este 2026 que acabamos de estrenar, el sueño de Francisca sea una realidad.

Para ello, estamos impulsando esta campaña solidaria para entregar llamas a 46 familias campesinas, como la de Francisca, y en la que queremos contar con tu colaboración. Tu apoyo es esencial para hacerlo posible.  

Si no has participado, ¡todavía estás a tiempo y puedes hacerlo aquí!

También por transferencia (ES65 2100 0079 8402 0142 4645) o enviando un Bizum al 00296. Hasta la fecha hemos conseguido recaudar 10.000€ - ¡gracias a todas y todos los amigos de Sendera que lo han hecho posible! - pero aún nos queda para llegar a nuestro objetivo de 25.000€.

Empieza el año con una acción solidaria, colabora para encender una llama de esperanza en el corazón de los Andes.