Muchos de los jóvenes y niños se sienten orgullosos de sus llamas y cuentan a los pobladores vecinos que sus llamas son el resultado de mucho trabajo y sacrificio. La experiencia ha sido muy positiva.

Un día sucede algo que te cambia la vida

Etiopía

Jul 21, 2021

Esta es la historia de Shitu, una de las 100 mujeres que protagonizan la campaña «Mujeres emprendedoras por el futuro de Meki»

Cada una de estas 100 mujeres tiene un pasado distinto, un sueño por cumplir y la firme voluntad de lograrlo. En el caso de Shitu, empezando de nuevo y sacando fuerzas de flaqueza para formarse y emprender.

Meki es una ciudad de paso, capital del distrito Dugda (Dugda Wereda por su nombre en amárico). Tiene un cierto ajetreo diario de gente que viene y va al mercado; o a hacer gestiones relacionadas con la “capitalidad” del distrito.

Una de las carreteras principales del país cruza la ciudad de norte a sur. Se trata de la carretera que une Addis Abeba, la capital del país, con la frontera norte de Kenia. Por esta vía, siempre concurrida, pasan los camioneros y comerciantes de la zona, junto a una débil clase media que viaja, los fines de semana, desde la capital hasta los balnearios ubicados en los lagos del Valle del Rift.

Bajaj Etiopia

Y entre coches y camiones, se mueven con agilidad los “bajaj”, vehículos de tres ruedas en los que pueden viajar hasta tres personas. Estos “minitaxis” son usados para recorrer pequeñas distancias entre pueblos vecinos o en el mismo casco urbano, a un coste relativamente asequible. Todas las carreteras de Etiopía están inundadas de esos bajaj de un característico color azul y que a toda velocidad te traslada entre pueblos cercanos o en el casco urbano de las poblaciones.

La conducción de un bajaj es un buen puesto de trabajo, es un transporte muy usado y por lo tanto los ingresos para sus conductores, aunque escasos, están asegurados. El marido de Shitu, que conducía un Bajaj en Meki, garantizaba el sustento en su casa con largas jornadas a los mandos de su vehículo azul.

Malas noticias

Como todas las familias de Meki, en 2020 empezaron a tener problemas con las restricciones impuestas para frenar el avance de la pandemia de COVID-19, que afectó directamente a este modo de transporte. La gente empezó a moverse menos por miedo al contagio y, por seguridad, en cada viaje los conductores pasaron a llevar solo un pasajero frente a los dos que usualmente ocupan el vehículo. Como consecuencia, los ingresos de la familia de Shitu también se vieron reducidos a la mitad.

Pero lo peor estaba por llegar… Una mañana del verano pasado, su marido salió de casa como cada día para recoger pasajeros en la carretera que cruza Meki y llevarlos de un lado a otro para hacer sus encargos. Empezaba a oscurecer y con la noche llegaron las malas noticias. El marido de Shitu había tenido un accidente. Uno de esos camiones que recorren cada día la carretera, se había quedado sin frenos y no pudo evitar embestir al triciclo azul, que cruzó la carretera hiriendo de muerte a su conductor.

Valentía y determinación

Shitu se vio de repente viuda a los 24 años, con una niña de 14 meses y un nuevo bebé en camino. Sin ingresos económicos para mantener a su familia y en medio de una pandemia que ha hecho crecer el precio de los productos básicos de forma desorbitada, su futuro no parecía muy esperanzador.

Hace poco nos contaba como los ojos de su pequeña Mariam le hicieron sacar fuerzas de su interior, donde estaba gestando a su segundo hijo. Nunca había trabajado y no tenía estudios. Dejó la escuela cuando era pequeña para ayudar a su madre en casa, como el 60% de las niñas de las zonas rurales de Etiopía (según datos del Banco Mundial).

A duras penas sabía leer y escribir, pero a Shitu no le faltó determinación para salir adelante.

Tenía sus objetivos claros: no depender de ningún familiar que pueda determinar la vida de su hija y su hijo, lograr que ambos puedan estudiar y mantener una cierta independencia. Tener un negocio podría ser la solución para afrontar el pago del alquiler de la pequeña habitación en la que viven, la alimentación de su pequeña familia, la futura escuela de Mariam y el pequeño y ahorrar una parte de sus ingresos para cuando vengan mal dadas. Lo que no tenía tan claro era cómo iniciar este nuevo camino, sin apoyo y con escasos recursos para emprender.

Una vecina había oído hablar del Centro de Promoción de la Mujer Kidist Mariam, donde chicas jóvenes que no han podido acabar los estudios aprenden costura, cocina o peluquería para así labrarse un futuro. Aunque con algunas dudas, la protagonista de nuestra historia se acercó al Centro. Allí conoció a otras mujeres, con historias de vida muy distintas, pero con las que ya comparte la ilusión de salir adelante, por sus propios medios, y un sueño de futuro para ellas y sus familias.

Shitu ha empezado a estudiar costura y forma parte de uno de los grupos de ahorro que ya funciona en la ciudad de Meki, en el que participa con los ahorros que tenía la familia.

Ella tiene claro que la mejor forma de lograr un sueño es trabajar para conseguirlo, y sabe que está en el camino correcto. Desde la Asociación Nuevos Caminos, nos hemos propuesto apoyar a 100 mujeres como Shitu, a través de la campaña “Mujeres emprendedoras por el futuro de Meki”, en la que os invitamos a participar.

Dentro de esta iniciativa, impulsaremos la formación de estas mujeres en materia de emprendimiento y, con vuestro apoyo, entregaremos a cada una un capital semilla de 100€ para que puedan poner en marcha pequeños proyectos y negocios locales.

Las mujeres como Shitu tienen una necesidad objetiva y han demostrado tener las ideas claras y tenacidad suficiente para lograr sus objetivos.

Para nosotras son un ejemplo de fortaleza y de ganas de superar las adversidades; y es que muchas veces tan solo necesitamos determinación y una mano amiga que nos ayuda a avanzar.

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