Muchos de los jóvenes y niños se sienten orgullosos de sus llamas y cuentan a los pobladores vecinos que sus llamas son el resultado de mucho trabajo y sacrificio. La experiencia ha sido muy positiva.

Un techo para poder soñar

Etiopía

Aug 2, 2022

Desta se despierta con el revoloteo de sus dos gallinas. Pasan la noche dentro de su chamizo, picoteando el suelo con la esperanza de encontrar algún grano en medio de la tierra de la habitación. Sabe que cuando las gallinas se mueven hay que empezar el día, así que se levanta, sin hacer mucho ruido, para que su hija y sus tres hijos descansen un rato más.

Desta y dos de sus hijos esperan con ansias ver como su casa mejora y pueden descansar sintiéndose seguros.

Recoge del suelo un par de cubos, colocados estratégicamente en la habitación para recolectar el agua que se cuela por el techo roto de paja. No sabe cuanto tiempo resistirá y está preocupada, pero no tiene más tiempo para pensar en ello, ni recursos para solventar el problema. Se asea, se viste, despierta a sus hijos con los que comparte un trozo de injera[1] del día anterior con un té y se dispone a empezar el día con una sonrisa. Le espera su flamante puesto de verduras en el mercado, hoy es jueves y el movimiento de mujeres y hombres que se acercan desde los pueblos de alrededor en busca de buenos productos es trepidante.

Quedaron atrás los días en que trabajaba de forma esporádica para un campesino de la zona. En Etiopía la agricultura tradicional es estacional y las familias aprovechan la temporada de lluvias para hacer crecer la cosecha. Cuando la lluvia se acerca toda la familia se vuelca en el trabajo del campo y contratan por jornadas a personas para preparar la tierra a toda prisa por uno 100 Birrs al día (2 euros). Estos trabajos esporádicos eran la principal fuente de ingresos de Desta antes de tener su negocio propio.

Etiopía vive castigada por diversos acontecimientos que se van sumando uno tras otro a una larga lista de obstáculos para su desarrollo, que en los últimos años se han ido concatenando, dejando poco espacio para recuperar el aliento.

La plaga de langostas que asolaron el cuerno de África durante el año 2019 y el 2020 arrasó con las cosechas de la población campesina del país, mermando las escasas economías familiares (de subsistencia en su gran mayoría) y llevando a la población rural a la hambruna. El inicio de la pandemia de la COVID-19 pasó casi inadvertida en medio de tensiones políticas que desembocaron en noviembre de 2020 en una guerra fratricida al norte del país. Se trata de un conflicto que no abre los informativos, pero que sigue causando muertos y una crisis humanitaria en el norte del país de la que no hay información certera.

Esta sucesión de desgracias ha hecho que Etiopía, que había logrado algunos hitos importantes en cuestiones de desarrollo, vuelva a retroceder en el camino de mejorar las condiciones de vida de sus habitantes.

Lo que hemos sintetizado en un párrafo toma otra envergadura cuando escuchas la historia de las personas que sufren en su propia piel las consecuencias de todos estos desastres. El aumento desmesurado de los precios de los productos básicos, que se han doblado o triplicado, ha hecho que las personas que ya eran pobres pasen a ser extremadamente pobres y esta situación se ve aun empeorada en el caso de las mujeres que son cabeza de familia.

En este contexto de empobrecimiento social, la alcaldía de Meki puso en marcha el departamento de Bienestar Familiar con el fin de identificar y registrar a las mujeres en situación de pobreza extrema, la mayoría de ellas viudas o madres solteras, y hacerles llegar ayuda cuando tuvieran bienes disponibles para ello.

No es plato de buen gusto para nadie pasar a formar parte de la lista de las personas pobres de su zona, nadie quiere alimentar a sus hijos e hijas con las migajas que le llegan. Estas mujeres quieren ganarse la vida de forma digna y lo intentan, pero en estos momentos muchas mujeres han guardado su orgullo para épocas más prósperas y se han acercado a las autoridades para poder dar de comer a sus familias.

Esta lista de mujeres en situación de extrema vulnerabilidad, creada al inicio de la pandemia, fue el detonante del proyecto de “Empoderamiento de la Mujer Urbana de Meki”. Dialogando con la alcaldía de Meki, vimos que había que darles herramientas para mejorar sus vidas y que ellas mismas pudieran dar la vuelta a la situación para mejorar sus vidas y las de sus familias.

Las mujeres viven, en Etiopía y en muchas otras partes del mundo, en desventaja respecto a los varones. Son las primeras en abandonar la escuela de pequeñas, desde que empiezan a caminar se les asignan tareas del hogar acompañando a sus madres o hermanas mayores a buscar agua o cuidando los animales, limpiando o cuidando a los hermanos más pequeños. Les cuesta mucho romper con estos roles tradicionales que las sitúa en el papel de cuidadoras, dejándolas al margen de cualquier rol que implique proveer a la familia, papel asignado tradicionalmente a los hombres. Esta desventaja en el aprendizaje formal y humano les pasa factura cuando de adultas muchas tienen que enfrentarse al reto de mantener a una familia solas, ya sea porque enviudan o porque son madres solteras.

El proyecto de empoderamiento de la mujer urbana de Meki da respuesta a esta situación con una amplia intervención que busca como objetivo principal que las mujeres puedan dar respuesta a estos retos y mejorar las condiciones de vida de sus familias.

Para ello hay formaciones en diversos temas como emprendimiento, prevención de enfermedades, cuestionamientos de las prácticas tradicionales perjudiciales, etc. Uno de los elementos centrales del proyecto son los grupos de ahorro, una herramienta financiera básica que les permite ahorrar y acceder a pequeños créditos, pero sobre todo un punto de encuentro en el que compartir, desahogarse, proyectar, soñar y establecer amistades y complicidades que refuerzan su red de apoyo social y emocional.

Así, algunas de las participantes han puesto en marcha pequeños negocios gracias a los préstamos recibidos en sus grupos de ahorro y las que tenían una idea clara de negocio han recibido un capital semilla con el que poner en marcha iniciativas más ambiciosas (ver campaña: Mujeres emprendedoras por el futuro de Meki). Hay muchos nombres e historias que os podemos contar como la de Guenet, que tenía un humilde puesto de comidas en el mercado y gracias al proyecto ha mejorado su oferta comercial con unas duchas para que la clientela pueda asearse (todo un lujo en Meki), el negocio va viento en popa. Ha sido capaz de analizar las necesidades de la población, la oferta entre los negocios existentes y formular una oportunidad de negocio que está siendo un éxito. O la de Selam que ha puesto en marcha una sencilla boutique de ropa en su casa, y recibe cada día la visita de las mujeres de Meki que acuden a su tienda ante el reclamo de sus coloridas prendas.

Guenet ha mejorado su puesto de comidas con unas duchas que anuncia en el exterior de su negocio.

Pero hay mujeres que tienen necesidades mucho más básicas, les cuesta planear y proyectar porque no saben si hoy tendrán trabajo, si podrán dar de comer a sus hijos y que rezan cada mañana, y cada noche, pidiendo salud para toda la familia porque no podrían afrontar los gastos derivados de una enfermedad. Entre estas mujeres está Desta, que encabeza estas líneas.

Sus expectativas, cuando empezó a participaren el proyecto, eran mucho más modestas que las de Guenet o Selam y su principal preocupación era el mal estado de su vivienda. Se acercó a nosotras y le propusimos que empezara por formarse y poner en marcha un sencillo negocio. Se atrevió con un pequeño puesto de verduras con el que participa en los mercados de la zona, recibió su capital semilla y con él pudo hacer las primeras compras de productos para vender en el mercado. Meses después, Desta persiste y está haciendo frente a los problemas cotidianos de cualquier empresa y como ella dice, “por fin sé que mis pequeños pueden comer cada día”. Participa en los grupos de ahorro y está consiguiendo ahorrar, a sus 35 años le parece que está viviendo un sueño.

Desta es una mujer trabajadora que está dando los pasos correctos para mejorar su vida y la de su familia, pero sigue teniendo la incertidumbre de su casa, cada vez en peores condiciones y que ya está en peligro de derrumbe si las lluvias se vuelven más intensas. Ella será una de las mujeres que verá como su casa mejora gracias a la generosidad de muchas personas que están ayudando a que la campaña “Un techo, una oportunidad” esté logrando el objetivo que nos propusimos.

Ya nos queda menos para lograr que Desta y otras 9 mujeres y sus familias puedan resguardarse bajo un techo seguro. Necesitan descansar y sobre todo ganar en tranquilidad para poder soñar con un futuro mejor y así empezar cada día con fuerzas renovadas para tomar las riendas de su futuro.

 


[1] Pan plano muy fino, parecido a una crêpe, hecho con harina fermentada de tef, un cereal local. La injera es la base de cualquier comida etíope.