La historia de Doña Margarita y la llegada del agua a Sikimirani
“Antes de que saliera el sol, yo ya estaba de camino hacia las vertientes en lo alto de la montaña con los bidones vacíos a la espalda. El sendero era puro lodo y el agua estaba sucia por el paso del ganado. Sabía que no era buena para mis hijos, pero no teníamos otra opción”.
Con estas palabras cargadas de memoria, Doña Margarita recuerda cóm oempezaba cada mañana en el sector Lapiani de Sikimirani, una comunidad rural a más de 3.600 metros de altitud en los Andes bolivianos. Durante generaciones, para las 18 familias de este sector, disponer de agua no era tan sencillo como abrir un grifo; era un sacrificio diario que desgastaba el cuerpo y la salud delas mujeres, y exponía a los más pequeños a continuas enfermedades. Era, sobre todo, una angustia constante que marcaba la vida cotidiana.
Hoy, la realidad de Lapiani ha dado un giro definitivo gracias al respaldo de nuestras entidades colaboradoras, el acompañamiento de nuestro equipo técnico y el esfuerzo volcado de toda la comunidad.
El día que el agua bajó por fin de la cumbre hasta los hogares, la emoción desbordó las casas y se adueñó del ambiente.
En el patio de Margarita, el corazón donde late la vida familiar, los comunarios y los niños se agolparon alrededor de la pileta. Se escuchó un chasquido de aire en la tubería... y, de pronto, brotó con fuerza un chorro limpio, cristalino y helado.
Hubo risas, miradas de incredulidad, abrazos apretados y lágrimas de puro alivio. Por primera vez en la historia de estas familias campesinas, la salud yla dignidad estaban allí, al alcance de un gesto tan simple como estirar la mano.
“¡Miren, ahora solo tengo que girar la llave en el patio!”, decía Margarita con los ojos brillantes, mientras sus hijos metían las manos entre el agua transparente, jugando y riendo sin miedo. “No se imaginan la paz que se siente al verlos así. Ya no estoy agotada, ya no hay miedo. Esto nos ha devuelto el descanso y la vida”.
Gracias a este logro, 77 campesinos de este primer sector ya disfrutan de agua limpia las 24 horas del día. Pero la transformación de Sikimirani sigue adelante.
A muy poca distancia de allí, en los sectores vecinos, las obras ya han arrancado para 24 familias más. Por eso, las herramientas no se han guardado y los picos siguen sonando con fuerza en la ladera. La comunidad y nuestro equipo continúan trabajando juntos, paso a paso, impulsados por la emoción de saber que muy pronto las 172 personas que componen toda la comunidad de Sikimirani compartirán esa misma felicidad: la maravilla cotidiana de abrir el grifo y ver fluir la vida en su propio patio, demostrando que cuando la solidaridad y la determinación se unen, las realidades más duras pueden transformarse para siempre.
Desde Sendera, agradecemos el apoyo a las entidades solidarias, como el Parlamento de Andalucía, la Cámara de Cuentas de Andalucía, el Defensor del Pueblo Andaluz, Dipsalut y Eroski, que han colaborado para llevar el agua a los diferentes sectores que conforman Sikimirani.

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