Ser atendida o ser detenida: el dilema de las embarazadas haitianas en República Dominicana

Niña con sombrero de paja y suéter rosa sosteniendo un cordero, frente a un fondo verde y naranja.

Ser atendida o ser detenida: el dilema de las embarazadas haitianas en República Dominicana

Oct 21, 2026

El derecho a la salud y el bienestar está recogido en la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948) y, sin embargo, no está garantizado para millones de personas en todo el mundo. Este es el caso de las personas haitianas que viven en República Dominicana, y que sufren especialmente los colectivos más vulnerables, como las mujeres embarazas.

Desde el Centro de Salud La Sagrada Familia, en Sabana Yegua, abogamos por este derecho a la salud, para todas y todos. La historia de Lovely, que nos cuenta Dolors Puértolas (responsable de proyectos de Sendera en República Dominicana), demuestra por qué este esfuerzo es tan necesario.

El pasado marzo inauguramos la ampliación del Centro de Salud La Sagrada Familia, en la comunidad de Sabana Yegua, República Dominicana. El primer Centro de Salud comenzó a funcionar hace 40 años y acabamos de ampliarlo con un edificio nuevo, después de mucho esfuerzo y gracias al apoyo de donantes e instituciones. Ahora contamos con 4 nuevas consultas médicas, haciendo un total de 6, y con un área de fisioterapia.

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Todas las personas que vienen están contentas de ver el nuevo edificio y ahora ofrecemos las especialidades de medicina interna, ecografía, pediatría y oftalmología, y seguimos incorporando nuevas especialidades. El objetivo es que los habitantes de Sabana Yegua y sus comunidades rurales, especialmente los más vulnerables, encuentren un centro de salud asequible para todos y todas, con una atención de calidad.

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Esto es especialmente importante para colectivos en riesgo de exclusión social, como las personas migrantes de Haití, que se encuentran con grandes dificultades para acceder a servicios de salud. Hoy os comparto la historia de Lovely, que viví en primera persona hace unos meses.

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Nuestra ginecóloga me pidió que acompañara al hospital a esta joven y a su esposo. Ella tenía un problema de salud importante y estaba embarazada. Al ser haitianos en situación irregular, temían ir al hospital, y a que la policía podía detenerlos y enviarlos de regreso a Haití.

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Les hablé de los riesgos de ir al hospital, pero era completamente necesario. Fue una odisea. Aunque la ley prohíbe las detenciones dentro de los hospitales, dos agentes de inmigración nos siguieron por todas las consultas. Tuvimos una terrible sensación de persecución mientras nos preguntábamos cómo ni siquiera a una mujer embarazada con un problema de salud serio podían dejarla tranquila por un momento. Al terminarlas pruebas, Lovely y su esposo, con el apoyo de una enfermera del hospital, encontraron la manera de despistar a la policía y se fueron. Pero la policía me interrogó un rato hasta que me dejaron marchar.

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La joven y su esposo, ambos de 21 años, llegaron a casa sanos y salvos. En los días siguientes, fui haciendo seguimiento de su salud y les di alimentos, porque ella tenía anemia. El diagnóstico médico concluyó que en tres meses debía dar a luz, mediante cesárea, y no había otra forma de hacerlo que en el hospital. Por suerte, el día señalado la ginecóloga de nuestro centro de salud tenía turno de noche en el hospital y me dijo que la llevara allí; ella haría la cirugía. Lo hice a altas horas de la noche, para no toparnos con agentes de inmigración. Dio a luz sin complicaciones a un bebé precioso y dos días después le dieron el alta.

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Cuando fui a recogerla a ella y al bebé, estaba allí el mismo agente de inmigración con el que nos topamos meses atrás. “¡Dios mío, qué pesadilla!”, pensé. Me saludó tranquilamente y me preguntó si me acordaba de él. Le dije que sí, por supuesto y seguí mi camino. Al parecer, la señora haitiana -que ya sabía cómo funcionan las cosas en el hospital- le había dado algo de dinero, que había conseguido con ayuda de unos amigos. Así que el agente incluso nos acompañó hasta la puerta, ayudando con las bolsas. ¡Qué pena que las cosas funcionen así!

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Dejando atrás esta gymkhana por la que tuvo que pasar Lovely en el dilema de ser atendida o detenida, ahora el seguimiento médico ella y su bebé vuelve a hacerse en nuestro centro de salud con seguridad. Y no es el edificio bonito lo que me enorgullece, sino que sea atendida por nuestros médicos con respeto y dignidad, verla sentirse protegida y querida. ¡Así es como se da la bienvenida a una nueva vida!

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Ser atendida o ser detenida: el dilema de las embarazadas haitianas en República Dominicana

Oct 21, 2026

El derecho a la salud y el bienestar está recogido en la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948) y, sin embargo, no está garantizado para millones de personas en todo el mundo. Este es el caso de las personas haitianas que viven en República Dominicana, y que sufren especialmente los colectivos más vulnerables, como las mujeres embarazas.

Desde el Centro de Salud La Sagrada Familia, en Sabana Yegua, abogamos por este derecho a la salud, para todas y todos. La historia de Lovely, que nos cuenta Dolors Puértolas (responsable de proyectos de Sendera en República Dominicana), demuestra por qué este esfuerzo es tan necesario.

El pasado marzo inauguramos la ampliación del Centro de Salud La Sagrada Familia, en la comunidad de Sabana Yegua, República Dominicana. El primer Centro de Salud comenzó a funcionar hace 40 años y acabamos de ampliarlo con un edificio nuevo, después de mucho esfuerzo y gracias al apoyo de donantes e instituciones. Ahora contamos con 4 nuevas consultas médicas, haciendo un total de 6, y con un área de fisioterapia.

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Todas las personas que vienen están contentas de ver el nuevo edificio y ahora ofrecemos las especialidades de medicina interna, ecografía, pediatría y oftalmología, y seguimos incorporando nuevas especialidades. El objetivo es que los habitantes de Sabana Yegua y sus comunidades rurales, especialmente los más vulnerables, encuentren un centro de salud asequible para todos y todas, con una atención de calidad.

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Esto es especialmente importante para colectivos en riesgo de exclusión social, como las personas migrantes de Haití, que se encuentran con grandes dificultades para acceder a servicios de salud. Hoy os comparto la historia de Lovely, que viví en primera persona hace unos meses.

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Nuestra ginecóloga me pidió que acompañara al hospital a esta joven y a su esposo. Ella tenía un problema de salud importante y estaba embarazada. Al ser haitianos en situación irregular, temían ir al hospital, y a que la policía podía detenerlos y enviarlos de regreso a Haití.

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Les hablé de los riesgos de ir al hospital, pero era completamente necesario. Fue una odisea. Aunque la ley prohíbe las detenciones dentro de los hospitales, dos agentes de inmigración nos siguieron por todas las consultas. Tuvimos una terrible sensación de persecución mientras nos preguntábamos cómo ni siquiera a una mujer embarazada con un problema de salud serio podían dejarla tranquila por un momento. Al terminarlas pruebas, Lovely y su esposo, con el apoyo de una enfermera del hospital, encontraron la manera de despistar a la policía y se fueron. Pero la policía me interrogó un rato hasta que me dejaron marchar.

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La joven y su esposo, ambos de 21 años, llegaron a casa sanos y salvos. En los días siguientes, fui haciendo seguimiento de su salud y les di alimentos, porque ella tenía anemia. El diagnóstico médico concluyó que en tres meses debía dar a luz, mediante cesárea, y no había otra forma de hacerlo que en el hospital. Por suerte, el día señalado la ginecóloga de nuestro centro de salud tenía turno de noche en el hospital y me dijo que la llevara allí; ella haría la cirugía. Lo hice a altas horas de la noche, para no toparnos con agentes de inmigración. Dio a luz sin complicaciones a un bebé precioso y dos días después le dieron el alta.

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Cuando fui a recogerla a ella y al bebé, estaba allí el mismo agente de inmigración con el que nos topamos meses atrás. “¡Dios mío, qué pesadilla!”, pensé. Me saludó tranquilamente y me preguntó si me acordaba de él. Le dije que sí, por supuesto y seguí mi camino. Al parecer, la señora haitiana -que ya sabía cómo funcionan las cosas en el hospital- le había dado algo de dinero, que había conseguido con ayuda de unos amigos. Así que el agente incluso nos acompañó hasta la puerta, ayudando con las bolsas. ¡Qué pena que las cosas funcionen así!

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Dejando atrás esta gymkhana por la que tuvo que pasar Lovely en el dilema de ser atendida o detenida, ahora el seguimiento médico ella y su bebé vuelve a hacerse en nuestro centro de salud con seguridad. Y no es el edificio bonito lo que me enorgullece, sino que sea atendida por nuestros médicos con respeto y dignidad, verla sentirse protegida y querida. ¡Así es como se da la bienvenida a una nueva vida!

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